Esto de no besar a alguien en tanto tiempo me está dando caries. Está demostrado científicamente que los besos apasionados frecuentes disminuyen la posibilidad de desarrollar caries en los dientes debido a que al besar se moviliza más saliva que lo usual, y ese movimiento de saliva hace que las bacterias no se puedan quedar en un sitio por mucho tiempo y hacer de tu diente un hueco en el que vivir. Suena asqueroso, pero ese intercambio de saliva -y bacterias- te aleja del odontólogo.
Pues, luego de leer los extractos de estas investigaciones, me di cuenta que mi recurrente dolor de diente -así, en singular, es uno solo el que sufre por mi escasa vida amorosa, gracias a Dios- se debe a mi hábito abandonado de besar. ¡Y con lo que me gusta!
Besar es una experiencia unica, hasta cuando es malo el besador. Involucra a todos los sentidos, pruebas al otro (literalmente), hueles la piel del otro que está tan cerca, sientes la dulce rozadura de los labios, oyes los sonidos de un par de lenguas intentando dominarse mutuamente, y además ves al otro. Julio Cortázar lo dice mejor que yo en Rayuela: "...entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos".
Extraño todos los tipos de besos, esos dulces casi inocentes, esos intensos que te absorben el alma, los inesperados y los desesperados, los tiernos, los maliciosos, los reinventados, los robados y los pedidos... Todos.
Una vez más escribo un texto sin final, porque este anhelo por un beso más todavía no termina, y me imagino que cuando experiemente los siguientes labios empezaré a soñar con el encuentro que le seguirá, y así...
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