13.5.11

Es terapéutico reírse de una misma


"Maduramos el día en que nos reímos francamente de nosotros mismos" (Albert Einstein)

Si algo me enseñó Maitena fue a desarrollar la habilidad de ver la ironía en mí misma y reírme de mis propios pensamientos y acciones. Es raro que uno se observe y reconozca la locura neurótica en la que nos vivimos. Nada, que una no anda pensando en sus propias cosas sino que las vive y punto. Bueno, eso es el resto de los mortales. Algunos "especiales" como yo no podemos dejar de reflexionarnos a nosotros mismos y, si tenemos suerte, hasta nos divertimos con las tonterías de nuestras ideas.

Es terapéutico. Estar consciente de tus propias ideas y emociones es lo que ahora describen como inteligencia emocional y prácticamente es la base de la terapia psicológica. Hay que sentarse con sinceridad a ver hacia dentro, a escudriñarse una misma, para poder resolver los líos en los que nos metimos. Y ahora he visto en esta blogósfera que asumir nuestro desastre y ponerlo en letras (lo que implica, inevitablemente, pensar sobre eso) puede resultar beneficioso para pacientes con enfermedades graves, crónicas, terminales, raras y afines. Hoy me encontré con un blog de una paciente de tumor cerebral. http://www.alieofthemind.com/ es un diario de alguien que decidió "tomarse con soda" el proceso de ser una paciente de radioterapia. Y una vez vi una convocatoria de concurso literario para pacientes mentales.

Entonces, ¿por qué habría yo de sentirme mal por estas dilucidaciones sin objetivo palpable? He conversado conmigo misma un trillón de veces, yo soy mi única compañera cuando estoy en medio de la locura de mis miedos y ansiedades poco sanas. Así que resulto doctora, enfermera, paciente y familiar dolida todo al mismo tiempo [¿cómo es que no he desarrollado personalidades múltiples?, jejejeje]. En mi última conversación me diagnostiqué disonancia cognitiva, es una frase técnica en teoría psicológica que bien puede traducirse al cristiano como "arroz con mango mental", "conflicto de intereses internos" o el muy ambiguo pero siempre vigente "peo psicológico". Verán, es que tengo varias ideas incongruentes en mi cabeza que me tienen el universo desordenado. Y leí hace poco que el ser humano tiene cierta obsesión con la coherencia y, sobre todo, se supone que los profesionales de cierta edad -adultos, pues- deberíamos ser consistentes con lo que hacemos, pensamos, sentimos y creemos. Pero yo no puedo ordenarlo todo como si fueran paletas de helado, porque las clasificaciones no sirven para mis pensamientos, que mutan constantemente, que tienen vida propia. Así que sigo disonante y mientras tanto me reiré de las contradicciones de mi mente y trataré de ser sólo coherente con mis propias emociones aunque no respondan a otra lógica que la mía.

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