8.8.09

Yo misma

Yo misma me dejó pistas, señales, consejos a seguir, instrucciones. Están en todos lados, en libros sobre todo, escondidos como marcalibros, pequeñas notas, servilletas, largos manuscritos apurruñados en la biblioteca. Me dejo rastros a seguir, como si fueran migajas de pan en el camino, por si me asalta la locura temporal pero recurrente que me succiona como torbellino.
Yo misma me doy ánimo y me hago porras, como coach profesional, motivadora psicológica, guía espiritual o simple porrista aficionada. Creo que es instintivo, o quizás sea inteligencia primaria que está consciente de que los episodios de infierno se repiten cuando menos lo espero.
Sí, de infierno. No hay otra manera, aunque excesiva, de catalogar el incendio de los sentimientos violentos que me queman por dentro cuando llegan así. Sí, queman con el calor frío de la soledad y la falta de amor. Otra vez una frase exagerada, pero así se siente, en superlativo.
Yo misma me critico, me culpo, me regaño, me exijo, me empujo. Y tal vez eso sea parte del infierno, ser tu propio inquisidor. Yo misma me lavo las heridas, me refresco, me consuelo, me abrigo, me perdono y me libero. Y creo entonces que no hay mayor grandeza que superarse a una. Pero: yo misma. Por una vez quisiera probar a ser con otro, y ver si es el mismo suplicio o es más dulce.

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