8.8.09

Lejano

Estamos en la nada
En la promesa de lo que no se sabe si será
No somos más que un par de conocidos
Que parecen ver en el otro
Lo que se ha buscado con tanto anhelo
No somos más que un par de locos
Que se lamentan y se asombran
Con el brillo de una esperanza nueva

Y es la aventura de una promesa incierta
Lo que nos impulsa a seguir indagando, tal vez, en el otro.
Pero es una ventana cruel que nos pone a prueba,
Como si de un espejo hechizado se tratara,
Con una distancia efímera que desespera.

Y yo que soy de pocas esperanzas,
De pocas luces en el horizonte,
No puedo dejar de querer tenerte cerca.
Y yo que tiendo a buscar imposibles y causas perdidas
Me pregunto si me estaré engañando de nuevo
O si, quizás, seas la utopía que soñaba

No debería, pero te extraño.
No debería, pero te pienso más de lo que me permito.
No sé cómo se puede detener al pensamiento o al sentimiento, no sé cómo decirles que no cuando el estímulo sigue ahí
La respuesta es entonces no leerte más, no escribirte más, no hablarte más. Porque no puedo tenerte, porque no puedo guardarte, porque no puedo reservarte ni apartarte para mí, porque no puedo tampoco evitar que algo más surja –con grandes probabilidades de que sea en vano- en mi corazón o en mi mente.
¿Y entonces tengo que olvidarme que existes sólo porque hay distancia física entre los dos?
Realmente esto no es material de poesías como el sentimiento loco que la gente describe como amor, esto es la chispa de una posibilidad infinita de quizás la nada o el todo, es como el gato de Shröedinger. Y yo quiero abrir la caja…

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