13.8.09

Lejana

Los que me conocen bien saben que Lejana es uno de mis sobrenombres, sólo los más allegados saben que eso hace referencia a la mezcla de sordera y despiste que me caracteriza (y al semiparecido con la protagonista de la novela Lejana como el viento, que también se llamaba Alejandra). Lo que pocos saben es cuánto he internalizado el alias y cuántas interpretaciones le he dado según el ánimo, según el día, según la emoción del momento.
Lejana me he sentido de diferentes maneras. En físico, la interpretación más obvia, me he alejado de mi familia para quererlos más y estoy a gran distancia de alguien por quien siento una gran curiosidad. Ya no salgo de mi casa sino lo estrictamente necesario porque al hampa no le importa si ya no te acuerdas cómo es una sala de cine o si ahorraste unos reales para finalmente ir al médico; así que también estoy alejada del mundo real, "perdida en mi habitación" parafraseando a Mecano.
En metafísica las interpretaciones son otras. Lejana se convierte en un concepto griego que toma múltiples acepciones.
Me siento distante de mis compatriotas cuando voy en el Metro y un idiota pretende ponerme la mano donde no debería; cuando me toca pelear con mi vecino porque no respeta la paz ajena y su música hace que mis ventanas vibren más que con el sismo de 5.4; cuando veo a alguien escupiendo en la calle; cuando un anormal empieza a decirme piropos sucios; cuando un vivo se colea; cuando una cajera pretende cobrarle de más a una viejita que ni sabe el valor de los billetes que carga.
En sentido figurado, me siento a años luz de una casa, la mía, la propia, esa que en mi mente viene con mata de mango, un par de niños y un esposo -quizás un perro, digo, quizás tenga una mascota-. En el horizonte lo que veo es trabajo, si tengo suerte, y pasar trabajo -ojalá no mucho-.
Me siento ajena a mi país cuando veo que el que le reclama al Gobierno es agredido; cuando hay que pensar antes de decirle a alguien que eres periodista; cuando debo recorrer al menos tres mercados para ver si compro lo que me hacía falta; cuando la pregunta es si estás con Cristo o con el Diablo y nadie considera que puedes tener otro credo sociopolítico; cuando tu vecino -el que hasta hace un año ahorraba para comprarse pantalones nuevos- de repente sólo viste de Armani Exchange porque ahora está con la revolución bonita; cuando no encuentro cómo explicarle a un amigo extranjero qué es lo que está pasando aquí.
Y esta nota no tiene conclusiones, no crean, no esperen, no sueñen. Esta nota es de pensamiento infinito, de reflexiones sobre la inmortalidad del cangrejo, sobre esas cosas que uno se pregunta en tono realista y con aceptación. Soy Lejana, me siento Lejana, estoy Lejana de miles de cosas, de gentes y de ideas, de sueños y de planes; pero sigo aquí tratando de vivir lo que hay y de robarles pequeñas victorias a este mundo paralelo que no entiendo: me gradué de Comunicación, soy independiente, he viajado, tengo amigos y amigas invaluables, mi familia está bien, doy clases, he amado y a veces creo que he sido amada.

No hay comentarios.: