22.7.05

A orillas del río

Según Heráclito, uno no se baña dos veces en el mismo río. Para algunas personas esa frase significa que no se deben repetir experiencias. Más bien creo que el filósofo griego partía de la premisa de que el agua fluye y por ello al sumergirnos en el mismo sitio dos veces, nuestro cuerpo se moja con moléculas de agua distintas.
Estoy de acuerdo con esta aseveración de Heráclito. Resulta útil, de cierta manera, para entender por qué en ocasiones recaemos en situaciones o en brazos que creímos superados. Uno vuelve a bañarse en el cauce de agua del mismo nombre que una vez palpamos, y cuando eso pasa la esperanza es que el agua haya corrido lo suficiente como para que no duela de nuevo.
Heme aquí en las orillas del río. Su lecho… A su lecho quiero meterme. Ya me acerqué una vez a esta corriente y no me fue mal. Tiene un efecto refrescante en mi piel, una sensación muy agradable y placentera. Me alejé pues ese río me hirió.
Como dice Sabina, "lo bueno de los años es que cura las heridas, lo malo de los besos es que crean adicción". Sus aguas vuelven a mis pies y asegura que soy una de sus ninfas inspiradoras de gozo. No promete utopías, ni falacias. Simplemente pide una tarde más de regocijo mutuo. Yo mojándome en sus aguas y él nutriéndose de mi piel. Es una tentadora oferta para mi reseca y sedienta dermis.
Pero aparecen los temores. No sé nadar suficientemente bien. Y temo su reacción –y la mía- después de aquella tarde.

No hay comentarios.: