7.4.08

Mi amor sin respuesta se va al vertedero

Había pensado en participar en el concurso de Cartas de amor, organizado por Montblanc. Pero decidí no enviar la carta porque temí que el destinatario se ofendiera. Aunque no tiene nombre, sé bien que él y todos nuestros conocidos descubrirían de quién hablo. Y si algo tiene esta historia es ese dejo de susurro estridente, de humo que no se puede ocultar, de querer tapar el sol con un dedo. Así que aprovecho el anonimato de este espacio, aquí está la carta.
Querido tú:
Esa noche me dejaste un poco de paz, pero no pude evitar las lágrimas hasta casi el amanecer. Nunca sabré si realmente me quisiste o si al menos tuviste antojo de estas carnes morenas. De este amor sólo tengo mis especulaciones y la certeza de que no será nunca.
No nací judía y soy morena. No puedo cambiar mi pasado en la misma manera en que tú no puedes modificar la historia de tu familia. Pero te amé. Y ese sentimiento hubiera bastado para convertirme al judaísmo, para escalar montañas, para huir contigo, para sobrevivir al holocausto.
Esa noche te atreviste a confesar, en una conversación franca que nos debíamos, que tu deseo es no defraudar a tus ancestros. Me dijiste: "mis abuelos sobrevivieron la shoá y yo siento un deber con ellos, siento el deber de no defraudarlos". Una novia no judía sería una pena y una decepción en tu familia; yo sería una afrenta que no quieres hacer a tu linaje.
Y me siento como si estuviera derramando el líquido que queda en las copas cuando nadie más quiere beber o como si, en este caso específico, hubieran rechazado el trago. Caro vino que brotaba de mis venas y que te ofrecía en las hondonadas de mi piel. Recuerdo tu canción y pido tomar en la copa rota de mi propio corazón. Pero esta fiesta nunca empezó. No llegaste. No me quedó otra opción que apagar la música, las luces y mis esperanzas. Me ves como mujer, pero no a tu lado.
La comprensión viene acompañada de lágrimas en mis ojos. Yo lo sabía, hace dos años atrás te apareciste en mis sueños y me lo dijiste como una manera de dar calma a mi atribulado corazón, a mi desesperado pensamiento. Y de repente me doy cuenta que no me importa tu deseo de complacer a tus padres, que no te amo menos por tu lucha interna o por haberme dejado de lado, que todas mis lágrimas no me pesan y que no tengo reclamo alguno hacia ti. ¿Será eso el amor?
A veces creo que me amaste como quisiste: con desgano, con paciencia, con resignación, con febriles celos egoístas, con negación, con momentos de cariño a escondidas de ti mismo. "Eres una loca que y no te da pena ni siquiera decirle al chamo de Mc Donalds que le saque la carne a tu hamburguesa, todo un personaje. Creo que haré una crónica sobre ti". Eso dijiste sobre mí, con tu tono de corresponsal de guerra.
Pero eres siempre un extraño conocido que a la hora de presentarlo me pone en el problema de tener que escoger entre los calificativos de amigo o amor o ex amor o imposible o nada. A mis amigas nada más les digo “es él”; pero a los extraños les miento como a mí misma: “es un pana”.
Te he soñado tantas noches, más aún desde que te fuiste, que no puedo callar mi insconciente. Ayer decidí que debía censurarme el sentimiento y apareciste ante mi para quedarte una noche más, un día más, quién sabe cuánto tiempo más. Hasta tu ausencia me inunda. ¿Cuándo te irás?, por amor a mi, ¿cuándo podré abrir las ventanas para recibir nuevos aires? Es mi culpa este sentimiento en mí, sólo surge sin causa, con efectos.
Y yo sin poder hacer nada efectivo. Sólo sigo al pie de la letra la terapia: me mantengo ocupada, me he enfocado en mi trabajo cada vez más, he atendido las enfermedades de la familia, me corté el pelo y lo cuido, compré ropa interior, zarcillos y zapatos, llamo a los amigos, paseo sola y hago todo el esfuerzo por cambiar de acera a mis pensamientos cuando tu te atraviesas. Me queda pendiente quitar tus fotos de mi corcho, pero ellas están también mis más grandes amigos (eres tu uno de ellos).
"Recojo mis cosas, me pongo el abrigo", como bien tararea Ana Torroja en mi mente, "porque te quise tanto, y por tanto tiempo, y con tantas ganas, y con tanto empeño... Con tan poca suerte, con tan poco acierto, con poca esperanza, sin ningún remedio". Para seguir cantando me encontré con una frase de Juan Luis Guerra y recuerdo que "tengo una curita en las venas para que tu amor no me duela si ha de salir". Pero a veces la curita se desprende poco a poco pues, a gotitas, "mi amor sin respuesta se va al vertedero"...
Tú vas cumpliendo tu destino, persiguiéndolo, azotándolo, abrazándolo como una mariposa al fuego. Y sin expectativas sobre ti ni reclamos, volteo hacia mí misma. Me concentro en peinar mis propias alas, revisar la dirección del viento...
Sigo mi vida. Elegiste estar aparte por tus convicciones, yo no me detendré por ellas. Ya no tengo nada que decirte, hasta disculparme me parece un exceso más. Así que nada más me despido. Todo esto que siento se irá transformando y maduraremos. Buscaré un compañero; buscarás; aunque tal vez al final del camino nos volvamos a encontrar. Quizás entonces me aceptarás como una kala digna, y no te importará ser mi jatán.

No hay comentarios.: