La respuesta la sabía. Pero la pregunta no pude evitarla, me quemaba por dentro, así que tuve que decirla. Y recibí lo que esperaba: no. Sabía bien que para él soy simplemente una mujer más, un cuerpo más en el que regocijarse, un nombre más en su lista.
Nuestra circunstancia no me molesta en sí. Sé bien, por cruel que parezca, que no podrá olvidar jamás a la mujer que se movió tanto sobre él que le torció un testículo y tuvo que despedirse de él; sé bien, aunque suene poco modesto, que no olvidará las noches de pasión conmigo. Y eso pule mi autoestima sexual, el hecho de saber que mis habilidades son gratificantes.
Pero también me hiere la estadística nula de hombres que me amen. Si reconozco los sentimientos de mi ex prometido, el mismo que me causó tanto dolor. Yo deseo que llegue a mi vida alguien que me ame, alguien que ame. Porque yo quiero una luna llena, clara y redonda, completa y límpida, para mis noches.
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