Ahí vas tú, cumpliendo tu destino, persiguiéndolo, azotándolo, abrazándolo como una mariposa al fuego. Y te leo sin dejar de sentir algo que se estremece dentro de mí, aunque no sepa bien lo que es. Tal vez sea que recibir noticias tuyas te acerque a mí sin que ese sea tu deseo. O tal vez te admiro tanto que quisiera seguir tu ejemplo, de extender las alas y lanzarme al vacío.
No puedo decir que te amo, pues mentiría. Tampoco puedo decir que te extraño, porque no te he tenido jamás. Nunca estuvimos juntos, sólo fue mi imaginación. Es mi culpa este sentimiento en mí, sólo surge sin causa, con efectos.
Pero te he soñado tantas noches, más aún desde que te fuiste, que no puedo callar mi insconciente. Cada abrazo tuyo es un suave alivio para mi alma, pues me siento protegida y amada entre tus brazos. Y tal vez no seas tú, sino lo que representas para mí lo que regresa cada noche para recordarme lo que necesito, con lo que me sentiría cómoda, en casa, en paz, tranquila, querida, protegida.
Quizás reconozco tu vuelo desde lo lejos, como una partida, una aceptación de que tu camino y el mío no son el mismo, que nos cruzamos por accidente en la vida y cada quien seguirá por su lado.
Tomo las frases de Juanes para decir que "ya no me importa tu destino, sólo quiero hallar el mío". Te quiero desde el fondo de mi corazón, en alguna parte de mi alma en la que las palabras no alcanzan para definir ni para justificar lo que sentiré siempre. Ese sentimiento simplemente es. Y sin expectativas sobre ti ni reclamos, volteo hacia mí misma. Me concentro en peinar mis propias alas, revisar la dirección del viento...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario