20.4.05

¿Isadora?

Hoy encontré a Daniela en la estación del Metro. Es como un fantasma que aparece de vez en cuando para recordarme que esa época de mi vida no fue un delirio sino que realmente existió y hay testigos. Recordé lo que significaba para mí cada mañana de esfuerzo corporal en el linóleo, sobre las barras, frente al espejo. Volví a sentir la emoción de bailar.
No soy un buen prospecto de bailarina. Mi cuerpo se rehúsa a tomar nuevos hábitos tan exigentes físicamente. No tengo coordinación motora, ni conciencia corporal, ni elasticidad en los músculos, ni valentía.
No se pierde una Zhandra Rodríguez ni una Sonia Sanoja. No tengo la técnica y la pasión se esconde premeditadamente como para salir a avasallar en la tarima profesional. No sabré jamás si con la formación y el entrenamiento hubiera llegado a algún lugar pues, como si no bastara con mis limitaciones inherentes a mí, tuve que dejar de bailar para buscar un trabajo que me mantuviera viva. Aunque a veces no sé realmente si estoy viva o soy un espectro.
Tal vez por eso me esconda en las letras, porque estoy frustrada, porque tengo pena y vergüenza de no poder ser maravillosa en lo que tanto me gusta. A ellas poco le importan si soy buena o no, me sirven simplemente para sacar este río de locura que llevo dentro.
Oí alguna vez que la verdadera vocación está donde eres feliz sin importar el reconocimiento. Yo era casi feliz siendo la danzante más anónima de todas, aún cuando bailo sólo para mi soy increíblemente feliz y descubro una Lejana distinta –una que sonríe de puro regocijo, por ejemplo -.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

hola .. el viento solo se lleva las hojas caidas.. tengo una aguja clavada en mi dime por que te pusiste ipanema.. :)

Lejana Poulain dijo...

Ipanema: ese es el lugar donde bailo desnuda en mis sueños, es la playa donde idílicamente -sin que la realidad tenga algo que ver en mis pensamientos- puedo dejar libres mis emociones más sinceras y potentes, casi siempre expresadas en mi forma de bailar. "Toda danza es una gráfica del corazón"... Ahora dime tú, Anonymus, ¿cómo te llamas?